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Virgina Woolf
25 de enero de 1882 - 28 de marzo de 1941




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Publicado por Teatro Click para Teatro Click el 1/25/2018 08:56:00 p. m.
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Desde el año 2007 la editorial Acantilado viene publicando, en edición bilingüe y con traducción de Selma Ancira, una serie de monólogos dramáticos compuestos por Yannis Ritsos (1909-1990), uno de los grandes poetas griegos del siglo XX. Orestes es el último título publicado. De alguno de los anteriores (La casa muerta, Crisótemis e Ismene) hemos hablado ya en ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ. En estos textos Ritsos vuelve sobre las leyendas que inspiraron la antigua tragedia griega para hacer hablar de nuevo a sus personajes, mezclando deliberadamente presente y pasado, subrayando así la vigencia atemporal del mito. El poeta parece sentir una fascinación especial por la trágica historia de Agamenón y su familia, a la que dedica tres de estos soliloquios: La casa muerta, Crisótemis y Orestes, la obra que hoy comentamos.


Antes del monólogo propiamente dicho una acotación inicial sitúa la acción. Estamos en Micenas, los turistas se han marchado y empieza a anochecer. Dos jóvenes que regresan del exilio, desde otra tierra y otro tiempo, se acercan a sus murallas.
Es verano. Cae la noche. Los coches y los grandes autocares ya se han ido. El lugar respira sumido en la calma, -honda la respiración de las bocas de las antiguas tumbas y de los recuerdos. Un trozo de periódico se balancea sobre la hierba quemada, impulsado por un soplo indefinido. Se oyen los pasos del vigilante nocturno y la llave grande que cierra la puerta intermedia de la torre.
Καλοκαίρι πιά. Νυχτώνει. Τά ἰδιωτικὰ αὐτοκίνητα καὶ τὰ μεγάλα ἐκδρομικὰ λεωφορεῖα ἔχουν φύγει. Ὁ χῶρος ἀνασαίνει μὲς στὴν ἡσυχία, - μία βαθειά ἀναπνοὴ ἀπ᾿ τὰ στόματα τῶν ἀρχαίων τάφων καὶ τῶν ἀναμνήσεων. Ἕνα κομμάτι ἐφημερίδα σάλεψε στὰ καμένα χόρτα, φυσημένο ἀπὸ ἀόριστη πνοή. Ἀκούγεται τὸ βῆμα τοῦ νυχτοφύλακα καὶ τὸ μεγάλο κλειδὶ ποὺ κλειδώνει τὴ μέσα πόρτα τοῦ πύργου.
De repente, en medio de la plácida noche, empieza a oírse desde el interior de la ciudad el llanto de una mujer, agudo, penetrante, desafinado. Orestes se dirige a Pílades, que permanece mudo durante toda la obra. Ha llegado el momento decisivo de su vida. El lamento de su hermana se lo recuerda. Pero ahora, ante la puerta de los leones, las dudas le asaltan y se resiste a cumplir un destino que otros le han asignado.

          ... Es curioso,
          una vida entera me prepararon y me preparé para esto. Y ahora,
          delante de esta puerta, me siento del todo impreparado; -
          los dos leones de mármol -¿los viste?- amansados,
          ellos, que cuando éramos niños empezaron feroces,
          casi salvajes, con la melena erizada para un intrépido salto,
          ahora sosegados, resignados ya en las dos esquinas altas de la puerta principal
          con el pelaje muerto, los ojos vacíos, -no asustan a nadie,- con expresión
          de perros castigados, no necesariamente compungidos,
          fieles, perros ciegos, sin rencor, 
          que con su lengua lamen de vez en cuando la tibia planta de la noche.

          ... Παράξενο,
          μιὰ ὀλόκληρη ζωὴ μὲ ἐτοίμαζαν κ᾿ ἐτοιμαζόμουνα γι᾿ αὐτό. Καὶ τώρα,
          μπροστὰ στὴν πύλη αὐτή, νιώθω ὁλότελα ἀνέτοιμος· -
          τὰ δυὸ μαρμάρινα λιοντάρια -τἆδες;- τιθασεύτηκαν,
          αὐτά, ποὺ ξεκινῆσαν ἀπ᾿ τὰ παιδικά μας χρόνια τόσο ἀνένδοτα,
          ἄγρια σχεδόν, μέ τη χαίτη ὀρθωμένη γιὰ ἕνα παράτολμο πήδημα,
          κατακάθησαν πιὰ συμβιβασμένα στὶς δυὸ ἐπάνω γωνιὲς τῆς ἐξώθυρας
          μὲ τρίχωμα νεκρό, μὲ μάτια ἀπόντα, -δὲν τρομάζουν κανένα,- μὲ μιὰν ἔκφραση
          σκυλιῶν τιμωρημένων, κι οὔτε μάλιστα θλιμμένων,
          πιστῶν, τυφλῶν σκυλιῶν, χωρὶς μνησικακία,
          γλείφοντας πότε-πότε μέ τη γλώσσα τους το χλιαρὸ πέλμα τῆς νύχτας.


Dos fuerzas antagónicas dividen el ánimo de Orestes quien, suplantando a Edipo como arquetipo psicoanalítico, confiesa su admiración por su madre, eternamente joven.

          ... ¿La viste
          por la tarde en el jardín? -¡qué hermosa es todavía!- no ha envejecido,
          quizá porque custodia el tiempo y apura
          cada instante, -quiero decir se renueva
          sabiendo la juventud que pierde;- quizá por eso la recupera.

          ... Τὴν εἶδες
          τὸ ἀπόγευμα στὸν κῆπο; -τί ὄμορφη ποὖναι ἀκόμη- δὲ γέρασε διόλου,
          ἴσως γιατὶ ἐποπτεύει τὸ χρόνο καὶ τὸν πράττει
          κάθε στιγμή, -θέλω νὰ πῶ ἀνανεώνεται
          γνωρίζοντας τὴ νεότητα πού χάνει·- ἴσως γι᾿αὐτὸ τὴν παίρνει πίσω.

Su hermana, en cambio, atormentada por el pasado, obsesionada por la venganza, despierta en él más desprecio que compasión.

          Quizá eso haya sido lo que jamás le perdonó mi hermana -su juventud eterna-
          esa niña avejentada, sensata por contraste, entregada a la negación
          de la belleza y el gozo; -ascética, odiosa en su cordura,
          sola y distante.

          Ἴσως αὐτὸ δὲν τῆς συγχώρεσε ποτὲ ἡ ἀδελφή μου -τὴν αἰώνια της νεότητα-
          αὐτὴ ἡ γριὰ παιδίσκη, συνετὴ ἀπὸ ἀντίθεση, δοσμένη στὴν ἄρνηση
          τῆς ὀμορφιᾶς καὶ τῆς χαρᾶς· -ἀσκητική, ἀποκρουστικὴ στὴ σωφροσύνη της,
          μόνη κι ἀσύνδετη.

A lo largo de la noche la mente de Orestes se debatirá entre esas dos corrientes opuestas: la que le anima a volver atrás, huir y alejarse de Micenas, y la que lo empuja a llevar a cabo una terrible venganza, para la que parece predestinado. Y como contrapunto a las tensiones del interior de su alma y al obsesivo llanto de su hermana, la placidez de la noche de verano y la belleza de la naturaleza.

Grupo de San Ildefonso. Museo del Prado. Posible representación de Orestes y Pílades.

Ritsos despliega en este largo parlamento sus dotes poéticas, desarrollando poderosas imágenes, como la de la vaca apaleada y herida en un campo del Ática, símbolo premonitorio de la muerte de Clitemnestra. Otras veces se suceden imágenes más breves, enlazadas unas con otras, como el cordón en la cintura de Electra, que recuerda a una vena exangüe alrededor de su vientre, o al cordón de una cortina desvencijada, que deja entrever un paisaje de una hosquedad eternamente arisca con rocas cortadas y árboles gigantescos, en el que una solitaria y lejana oveja extraviada aporta un grano de ternura.
La mirada poética se detiene en detalles mínimos, revelando su extraordinaria capacidad de percepción y el poder evocador de las pequeñas cosas: el vello en la nuca de las mozas, el breve chasquido y la llama de la cerilla, un pendiente que tintinea, las lagartijas a los pies de las estatuas, las sombras de los insectos sobre el muro o una piedrecita en la sandalia.
Finalmente el cielo empieza a clarear, no hay ya lugar para vacilaciones, es momento de que Orestes se enfrente a su  destino.

          Mira, está amaneciendo. El primer gallo canta ya en la verja.
          Despertó el hortelano;algún arbolito prenderá en el huerto. Ruidos familiares
          de los utensilios de trabajo -serruchos, zapapicos-
          y la fuente del patio; alguien se asea; la tierra huele;
          borbotea el agua en los cazos; plácidas columnas de humo sobre los tejados;
          un aroma cálido a salvia. Sobrevivimos pues aun a esta noche.

          Κοίτα ποὺ ξημερώνει. Νά, κι ὁ πρώτος πετεινὸς λαλεῖ στὸ φράχτη.
          Ξύπνησε ὁ κηπουρός· κάποιο δεντράκι θὰ στεριώνει στὸν κῆπο. Οἰκεῖος θόρυβος
          ἀπ᾿ τὰ ἐργαλεῖα τῆς δουλειᾶς -πριόνια, ἀξίνες-
          καὶ τὸ βρυσάκι τῆς αὐλῆς· κάποιος πλένεται· μυρίζει τὸ χῶμα·
          κοχλάζει τὸ νερὸ στὰ μπρίκια· οἱ πρᾶες κολῶνες τοῦ καπνοῦ πάνω ἀπ᾿τὶς στέγες·
          μιὰ ζεστὴ μυρωδιὰ ἀπὸ φασκόμηλο. Ἐπιβιώσαμε λοιπόν κι αὐτῆς τῆς νύχτας.

Yannis Ritsos



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La desaparecida editorial 451 Editores contaba en su catálogo con un par de títulos de literatura griega: La señora Kula, de Menis Kumandareas, y la novela de Ersi Sotiropulu (Patras, 1953) que traemos hoy a ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ.


Zigzag entre naranjos amargos (Ζιγκ ζαγκ στις νεραντζιές) se publicó en Grecia en 1999 y obtuvo inmediato reconocimiento al recibir ese año el Premio Nacional de Literatura y el Premio Nacional de la Crítica, concedido por la prestigiosa revista Διαβάζω. En la novela de Sotiropulu cinco personajes vulnerables, insatisfechos e inadaptados zigzaguean por la vida mientras sus historias se entrecruzan. Lía está ingresada en un hospital, aquejada de una extraña enfermedad. Su hermano Sid, diminutivo de Isídoros, lleva una vida desordenada en compañía de un exótico pájaro que habla. En un bar conoce a July, una joven que estudia para convertirse en ATS. Sotiris es un enfermero solitario que trabaja en Atenas en el mismo hospital donde se encuentra Lía. Acude de vez en cuando a visitar a sus padres, que son de un pueblo de la costa. Allí vive también Nina, una niña de doce años en tránsito hacia la adolescencia con una imaginación desbordante. Todos ellos intentan sobrellevar lo absurdo de su existencia y superar su soledad buscando una vía de escape, que bien puede ser el amor, la muerte o la literatura.
La versión de la obra al español es el fruto del trabajo colaborativo de once traductores que participaron en el año 2006 en un seminario sobre la obra de Sotiropulu. A pesar de haber intervenido tantas manos el resultado no se resiente, gracias a la coordinación de Julia Osuna Aguilar y Francisco González López.

Ersi Sotiropulu
El libro apareció en español en 2008 y, aunque ya no se reedita porque la editorial ha cerrado, todavía es posible adquirirlo en librerías de segunda mano o de ocasión. Yo lo encontré en Urueña, un pueblo de la provincia de Valladolid que destaca por su hermoso centro histórico y por las librerías que salpican su recinto amurallado.
Como tantos autores griegos Ersi Sotiropulu no sólo cultiva la novela, sino también el relato corto y la poesía. Una selección de sus poemas ha sido publicada en español en edición bilingüe por la editorial Luces de Gálibo, con traducción de Vicente Fernández González. Sus audaces imágenes no siempre son fáciles de comprender, por lo que los poemas resultan a veces un tanto desconcertantes.


Cerramos esta entrada con el titulado Calles estrechas calles rectas etc. y con uno de los poemas visuales incluidos en el libro.

     Cuando me hurgo la nariz
     el oscuro trazado
     me colma de éxtasis y secreta alegría.
     Dondequiera que entren los dedos
     encuentran su camino
     y vuelven cargados.
     Nunca se pierden.

     Pienso en Patras
     un clavo en el mar
     en mi madre y mi padre
     y en Einstein.

     Por la noche suelo dormir tarde.


     Όταν καθαρίζω τη μύτη μου
     η σκοτεινή ρυμοτομία
     με γεμίζει έκσταση και κρυφή χαρά.
     Όπου και να χωθούν τα δάχτυλα
     βρίσκουν το δρόμο τους
     και γυρίζουν φορτωμένα.
     Ποτέ δεν χάνονται.

     Σκέφτομαι την Πάτρα
     στο καρφί της θάλασσας
     τους γονείς μου
     και τον Αϊνστάιν.

     Το βράδυ κοιμάμαι συνήθως αργά.






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El pasado jueves 9 de noviembre visitamos el parque arqueológico de Carranque con sesenta alumnos de 2º, 3º, 4º de ESO y 1º de Bachillerato. El autobús inicialmente previsto se quedó pequeño y tuvimos que contratar un minibús con 18 plazas adicionales. Después de dos horas largas de viaje cruzamos un llamativo puente colgante peatonal sobre el río Guadarrama para dirigirnos al centro de interpretación del parque.



Allí nos estaban esperando un arqueólogo y una ceramista, los dos monitores responsables del taller de cerámica romana que íbamos a realizar. Empezaron con una exposición muy didáctica y amena sobre las técnicas alfareras romanas y la importancia de la cerámica para la datación de los yacimientos arqueológicos. Luego nos explicaron las piezas con las que íbamos a trabajar: una lucerna, una máscara de tragedia y una máscara del dios Sol. Con la teoría bien aprendida pasamos al taller para ponernos manos a la obra. En apenas media hora, con la orientación de los dos monitores, cada uno de los sesenta alumnos modeló sus tres piezas, las guardó en sus cajas de cartón y recogió el material, todo un ejemplo de lo eficaces que podían llegar a ser los talleres de producción en serie romanos.








Después del trabajo llegó el momento de recorrer el yacimiento divididos en dos grupos, cada uno con su guía. Pudimos contemplar los restos de la espléndida villa de Materno, del siglo IV d. C., con sus suelos de mosaico magníficamente conservados.





También visitamos el edificio palacial, un poco posterior a la villa, del que todavía se mantienen en pie un muro y algunas columnas monolíticas de mármol, traídas desde lejanas canteras de Anatolia hasta este otro extremo del Imperio. Todo un indicio del lujo en el que vivían los grandes propietarios romanos.



Aprovechando que hacía un día soleado comimos al aire libre en un merendero que hay en las inmediaciones del centro de interpretación, antes de hacernos una última foto de grupo en el puente colgante y subir de nuevo a los autobuses rumbo a Tomelloso.




Las fotos que ilustran esta entrada han sido tomadas por nuestra compañera Yolanda Arjona.



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Publicado por Blogger para ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ el 11/14/2017 10:37:00 a. m.
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Los trescientos espartanos que cayeron defendiendo el paso de las Termópilas frente a los persas se ganaron la gloria inmortal gracias al relato que hizo Heródoto de su hazaña. Frank Miller adaptó la historia al cómic en su álbum 300, todo un clásico del género, que alcanzó gran popularidad tras su versión cinematográfica. Casi siglo y medio después de la batalla de las Termópilas, en la llanura de Queronea, otros trescientos hoplitas, en esta ocasión tebanos, murieron heroicamente luchando contra el ejército de Filipo II de Macedonia. Laura Rubio (Zaragoza, 1995) se ha inspirado en este episodio para el argumento de Queronea, un cómic más breve e intimista que 300, pero ambientado también en una sangrienta batalla de la Grecia clásica.


En el año 338 a. C. Filipo acabó con la resistencia de las polis griegas a la hegemonía macedonia derrotando en Queronea a un ejército liderado por atenienses y tebanos. Laura Rubio nos presenta la batalla desde la perspectiva del propio Filipo. Mientras se desarrollan los combates escuchamos la voz interior del rey, que reflexiona sobre la guerra, la destrucción y el heroísmo, y evoca un período de su infancia pasado como rehén de los tebanos, a los que ahora se enfrenta.
El cómic se abre con con el recuerdo de Creso, el rey de Lidia que consultó al oráculo de Delfos antes de atacar el imperio persa. En estas páginas iniciales la autora rinde su particular homenaje a la cerámica antigua de figuras rojas, uno de los precedentes últimos del cómic, imitando su estilo y sus colores. Incluso llega a copiar la escena de un ánfora conservada en el Louvre, que reproduce el episodio de Creso.



Laura Rubio reconoce su deuda con el arte de vasijas griego, en el que se inspiran no sólo las primeras páginas, sino los tonos ocres que predominan a lo largo de todo el cómic. Únicamente se añaden pinceladas de un rojo intenso para destacar la sangre o el color del cielo al atardecer. El gusto por grandes viñetas enmarcadas en negro que ocupan una página completa, o incluso dos, nos recuerda a las escenas centrales rodeadas por barniz negro que decoraban el cuerpo de los antiguos vasos griegos.


En la batalla de Queronea jugó un papel destacado Alejandro, que dirigió la caballería macedonia y sucedería a su padre tan sólo dos años después. Una viñeta en la que se le representa a caballo parece estar inspirada en el Alejandro triunfador de Isos, motivo central del famoso mosaico de la casa del Fauno en Pompeya.



Pero los verdaderos protagonistas de la historia son los miembros del escuadrón sagrado de Tebas y, sobre todo, Filipo, que es presentado como un personaje vulnerable, acosado por sus recuerdos y lamentando no haber podido sustraerse al efecto destructor de la guerra, precisamente en el momento de su victoria más señalada.


Al final del cómic se incluyen unos extras en los que la autora nos acerca a las fuentes históricas en las que se ha inspirado y añade detalles sobre sus protagonistas. La última página es para el león de Queronea, el imponente monumento funerario levantado en honor de los tebanos caídos, que he tenido ocasión de visitar en mi último viaje a Grecia.



Queronea está publicado por la editorial zaragozana GP Ediciones. Se puede adquirir en librerías o a través de la página web de la editorial. Yo elegí esta segunda opción y tuvieron la amabilidad de enviarme un ejemplar dedicado por la autora.




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Publicado por Blogger para ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ el 11/08/2017 02:39:00 p. m.
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Costas Mavrudís (Tinos 1948) es una de las voces más personales de la poesía griega contemporánea. Aparte de traducciones ocasionales de sus poemas en revistas literarias, dos de sus poemarios han sido publicados completos en edición bilingüe griego-español. El préstamo del tiempo (Το δάνειο του χρόνου) fue editado en 2001 por Miguel Gómez Ediciones. Hoy comentamos Cuatro estaciones (Τέσσερις εποχές), publicado por Pre-textos en 2014. Ambos libros han sido vertidos al español por Vicente Fernández González, todo un referente en la traducción de poesía griega, galardonado en dos ocasiones con el Premio Nacional de Traducción. La editorial asturiana Hoja de Lata acaba de editar además una colección de relatos del autor, La inmortalidad de los perros.


Cuatro estaciones está compuesto por catorce poemas que remiten a sendos recuerdos del autor relacionados con alguna de las estaciones del año. Los poemas no siguen, sin embargo, una secuencia cronológica ni están agrupados por estaciones, sino que responden al orden caprichoso de la memoria del poeta. Todos ellos hacen referencia a uno de los temas favoritos de Mavrudís: el tiempo, su lento e inexorable curso, y la obsesión por restituir el pasado y fijarlo en el poema. Un pasado que se muestra, no obstante, inasible, con lagunas que escapan al control del poeta.
Conocemos los hechos pasados, sí, pero ellos se muestran inescrutables (hay algo "en su lugar"), si quieres, la silueta de tiza en el asfalto donde cayó el cuerpo.
Ενώ λοιπόν γνωρίζουμε τα παλιά γεγονότα, εκείνα δείχνουν ανεξιχνίαστα (υπάρχει κάτι "αντ' αυτών"), μπορείς να πεις περίγραμμα της κιμωλίας στην άσφαλτο, εκεί όπυ έπεσε το σώμα.
A pesar de esa imposibilidad de volver realmente al pasado, el poeta se esfuerza por reconstruir minuciosamente sus recuerdos. Todos los sentidos están alerta para registrar hasta el más mínimo detalle: el aroma del alcohol y el eucalipto en la habitación del enfermo, el tintineo de una moneda al caer en una cabina telefónica, el tacto del pomo de porcelana de una puerta, la temperatura que marca el termómetro luminoso de una farmacia...

Costas Mavrudís

Según revela Vicente Fernández González en el prólogo de esta edición, Mavrudís es un coleccionista que acude los fines de semana a los rastros de Atenas y El Pireo en busca de objetos antiguos, objetos como los que aparecen en estos poemas y hacen despertar el recuerdo: viejas herramientas de un taller de zapatero, una edición de Madame Bovary anotada por el padre del poeta, postales y fotografías antiguas. Otras veces una llamada inesperada de teléfono, una consulta en una enciclopedia sobre el personaje que da nombre a una calle, o el olor que desprende la madera de un lápiz al ser afilado es el detonante que activa los mecanismos del recuerdo.

         Inesperadamente se presentó
         el ectoplasma del aula grande,
         el edificio y el cielo hundido antes de la lluvia.
         Afilaba yo primorosamente un lápiz
         embargado por su aroma de Bohemia.
         El maestro (gabardina beis inglesa
         hasta los zapatos) miraba la ventana.
         "¡Viene tormenta!", dijo.

         Αιφνιδιαστικά εμφανίστηκε
         το εκτόπλασμα της μεγάλης μας τάξης,
         το κτίριο κι ο χαμηλός ουρανός πριν τη βροχή.
         Έξυνα περίτεχνα ένα μολύβι
         έμπλεος στο βοημικό του άρωμα.
         Ο δάσκαλος (μπεζ αγγλική καμπαρντίνα
         ως τα παπούτσια) κοίταξε το παράθυρο.
         "Έρχεται καταιγίδα!", είπε.

Las paradojas del tiempo, la relatividad de lo que es pasado, presente y futuro es un tema recurrente. Por ejemplo en una Nochevieja en París, cuando un viandante a las tres de la madrugada le espeta al narrador del poema: "¡1977! Este año una vez fue futuro". O en otra de las piezas del libro, ambientada en una decadente ciudad balneario, metáfora del inexorable transcurrir del tiempo.

         Ciudades de la tercera edad con baños termales,
         seres que circulan
         procurándose una prórroga.
         Contemplan las barcas que parten
         sin sospechar la evidente metáfora.
         En sus dormitorios han vivido otros
         y, como ocurre en los hoteles y en la vida,
         siempre eres el siguiente y al mismo tiempo el anterior.

         Πόλεις της τρίτης ηλικίας με θερμά λουτρά,
         υπάρξεις που κυκλοφορόυν
         εξασφαλίζοντας παράταση.
         Κοιτάζουν τα πλοιάρια που αναχωρούν
         χωρίς να υποψιάζονται την προφανή μεταφορά.
         Στα υπνοδωμάτιά τους έχουν κατοικήσει άλλοι
         και, όπως συμβαίνει στα ξενοδοχεία και στη ζωή,
         πάντοτε είσαι ο επόμενος ενώ συγχρόνως προηγείσαι.

Son variados los escenarios en los que se desarrollan los poemas. Los recuerdos de infancia se suponen ambientados en la isla natal del poeta, pero otros se sitúan en París, Salzburgo, Lutraki o Badalona. El autor establece una especie de juego con el lector, al que interpela en varias ocasiones queriendo hacerle partícipe de sus recuerdos, pero sin revelar del todo cuánto hay de real y de ficticio en ellos. Y es que a veces lo fingido forma parte también del recuerdo, como ocurre con ese desconocido, tumbado plácidamente al sol en la playa de Badalona, al que el autor imagina en una noche de insomnio camino de la cocina, pasando ante la habitación de su hijo. El desconocido, sin saberlo, con la complicidad del lector, ha quedado cautivo en el poema, se ha instalado ya en el tiempo.
En ocasiones el poema parte de una fotografía, una imagen fija sobre la que Mavrudís proyecta el recuerdo, pero también su imaginación, para contar lo que pudieron hacer o sentir los personajes que allí aparecen. Es esta una de las potencialidades de la poesía, que instituye relatos en un lugar sin acontecimientos.


Desde el punto de vista formal Mavrudís adapta el poema a los cambios de ritmo narrativos. En una misma pieza se pueden alternar extensos pasajes de prosa poética, versos de extensión normal y versos mínimos, de una sola palabra o una sílaba. Es entonces cuando la cadencia del poema se reduce para marcar un momento especial y la percepción se agudiza para captar un detalle ínfimo. Como las partículas de polvo de tiza que caen despacio, de forma casi imperceptible, sobre los zapatos del maestro.

          el maestro con dedos blancos
          dibujaba en la pizarra una consonante
          se volvía miraba a la clase
          mientras
          in-
          grá-
          vi-
          da
          como
          polvo
          de
          e-
          ter-
          ni-
          dad
          ca-
          í-
          a
          len-
          ta-
          men-
          te
          la
          ti-
          za
          en
          sus
          za-
          pa-
          tos 

          ο δάσκαλος με άσπρα δάχτυλα
          ζωγράφιζε στον πίνακα ένα σύμφωνο
          γύριζε έβλεπε στην τάξη
          ενώ
          α-
          βα-
          ρής
          σαν
          σκόνη
          αι-
          ω-
          νιό-
          τη-
          τας
          έ-
          πε-
          φτε
          αρ-
          γά
          η
          κι-
          μω-
          λία
          στα
          πα-
          πού-
          τσια
          του

Utilización de la forma en ayuda del concepto, a modo de caligrama, y obsesión por el tiempo, imposible de manejar por mucho que el poeta se esfuerce por volver atrás y se resista a poner un punto final a sus poemas

          Nadie encuentra de nuevo 
          su lugar de antes.
          (...)
          En el helado Salzburgo o cualquier otra parte,
          sea o no Navidad
          todo
          al
          futuro
          avanza.
          En 
          una 
          dirección
          caminamos,
          (...)
          en el
          mismo 
          sentido
          vamos
          todos

          Κανέις δεν ξαναβρίσκει
          την παλιά του θέση.
          (...)
          Στο παγωμένο Ζάλτσμπουργκ ή αλλού,
          Χριστούγεννα ή όχι,
          όλα
          στο
          μέλλον
          προχωρούν.
          Σε
          μια
          κατεύθυνση
          βαδίζουμε,
          (...)
          στην 
          ίδια
          ευθεία
          όλοι
          πάμε
 
Salzburgo


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